Introducción
Estas líneas tienen como motivo central el dar una breve mirada a unos cuantos detalles de lo que en la práctica constituye una rutina casi automática del quehacer humano; los usos del lenguaje. Especialmente a esos usos dados en la formación del mensaje bíblico, y el proceso educativo. Pocas son las actividades que más ocupan la temporalidad humana como el lenguaje. La vida es lenguaje, no exclusivamente oral o escrito, pero estas formas representan una inmensa mayoría en la interacción comunicativa del individuo. En la dimensión espiritual del ser la participación del elemento lingüístico tiene presencia permanente. Éste desempeña un papel preponderante en la revelación de las verdades doctrinales, en la preservación y transmisión de las mimas.





